Jhonatan Erik Rodríguez Macuyama, Director General de SENTIDOS

Editorial 

Las portadas con Sentidos

El pasado noviembre del 2020 celebramos un año desde el primer lanzamiento de la edición impresa y digital de nuestra revista, y en esta sexta edición reafirmamos nuestra labor de continuar con ese ímpetu transformador y reflexivo de la realidad desde las artes en general. Reconocemos el espíritu colaborador en esta empresa de los trabajadores de las artes, que con sus escritos e imágenes de manera desinteresada envían sus propuestas al comité editorial de la revista. Es sin duda un trabajo titánico para el equipo editorial seleccionar los trabajos y compilarlos en cada edición.

En esta oportunidad queremos resaltar las colaboraciones de cada pintor y dibujante. Y las estrategias del editor para invitar a la contribución para cada edición. Del mismo modo, resaltar el sentido que se exponen en cada portada de cada entrega.  En otras palabras, en esta editorial vamos a tratar de exponer de manera sencilla tres conceptos que nos permiten definir nuestra búsqueda de la idea que representa la imagen adecuada para cada portada, entendiéndose como puerta para la lectura en cada edición. Segundo, la retórica presente en una imagen entendiéndose desde la propuesta del pensamiento de Roland Barthes y el propósito de las artes en general desde una mirada del Amauta socialista José Carlos Mariátegui.

Este editorial no pretende sumergirse a una crítica del arte propiamente dicho, sino que es un intento de exponer lo que la revista tiene como búsqueda constante y exposición discursiva.

Una imagen es una representación visual, que manifiesta la apariencia visual de un objeto real o imaginario. Aunque el término suele entenderse como sinónimo de representación visual, también se aplica como extensión para otros tipos de percepción, como imágenes auditivas, olfativas, táctiles, sinestesias, etc. Las imágenes que la persona no percibe, sino que vive interiormente, se las denominan imágenes mentales, mientras que las que representan visualmente un objeto mediante técnicas diferentes, se las designa como imágenes creadas, (o bien, imágenes reproducidas). Algunas de ellas son el dibujo, el diseño, la pintura, la fotografía o el vídeo, entre otras.[1]

El pensador Roland Berthes publica en 1964 Elementos de la semiología, siendo la “Retórica de la imagen” solo un capítulo del mencionado libro. Es importante remarcar que en la mencionada obra Barthes intenta exponer las bases de una “ciencia de los signos”, desde la diatriba estructuralista, campo que lo sitúa en la Lingüística. De esta manera nos expone que la imagen es una forma analógica de representación, en palabras sencillas, es la copia de algo. Y la lingüística entiende que la comunicación por analogía no constituye un lenguaje propiamente dicho, puesto que carece de doble articulación. No obstante, la imagen no contaría con códigos ni con un sistema de signos.  Para este problema, en la retórica de la imagen Barthes nos expresa la finalidad que tiene toda imagen intencionada, sobre todo la imagen de publicidad y propaganda. Y a grandes rasgos se puede dividir en mensajes lingüísticos. Los mensajes lingüísticos están vinculados con la lengua, más por su intencionalidad una imagen contiene el refuerzo de dos mensajes: connotada y denotada.  En la primera, son mensajes propios con saberes generales, estrictamente vinculados con la cultura que llevan al receptor fuera del mensaje mismo. En el segundo, implica un saber casi antropológico y la literalidad de la imagen misma. En palabras más sencillas, la retórica de la imagen o de lo visual nos sirve para analizar y comprender su ideología y significado último.

Entonces, podemos comprender que en una imagen se reproducen formas evidentes y subjetivas de comunicación que se realizan en base a una intencionalidad. Para nuestro propósito editorial, es la intencionalidad semántica de nuestra revista, el mensaje e impacto que queremos producir en nuestros lectores, y no tanto, en la intencionalidad estrictamente del artista pintor o dibujante, para los fines que buscamos explicar ahora, pero sí hablaremos de sus rasgos generales y de la obra como producto final, y el discurso de nuestra línea editorial. 

Hasta esta fecha se ha seleccionado seis propuestas de seis artistas distintos y con técnicas diferentes. En la primera edición de noviembre del 2019 recibimos la colaboración de Robert Anthony López Cuñaña (1995), artista plástico egresado de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Iquitos. Nos presentó la pintura “Picaflor” elaborada con la técnica: óleo sobre lienzo, cuyas medidas son 140 cm × 150 cm.  Robert es un artista que hace trabajos por encargo, además de dedicarse a realizar retratos en plazas de la ciudad. Siempre anda con la mirada atenta, presto a encontrar los colores y los trazos pertinentes de sus sentimientos.  Y el Picaflor dibujado en nuestra primera portada, es una hermosa metáfora de la existencia de volar contra las adversidades de las torrenciales lluvias de colores, un movimiento de matices tanto como la misma vida en general, del mismo modo del surgir de esta revista que vuela hacia la flor de la literatura amazónica pese a las adversidades materiales y argollas “intelectuales”. En la segunda edición tuvimos una portada con iconografías de la cultura Bora, realizada por el artista Rainer Rubio Churay de la comunidad de Pucaurcullo en la cuenca del Ampiyacu, región Loreto, quien es hijo de padre huitoto y madre bora. Él pertenece a una familia de tradición indígena y artística.  Al igual que su hermano Brus Rubio, explora la historia y los mitos de sus orígenes indígenas y los valores que implican ser parte de una nación indígena amazónica. En ese segundo número de la revista, Rainer nos invitó a una ilusión óptica de iconografías y líneas indígenas que convergen en el centro de la imagen de una mujer. Es de esta manera, como se pretende exponer y asumir la importancia de la diversidad presente en las culturas amazónicas, sobre todo, la importancia de las mujeres en nuestra sociedad. En el tercer número, el artista plástico Jhon Gonzáles, nativo de la ciudad de Tamshiyacu, una ciudad a orillas del gran río Amazonas, nos entregó la obra “El chauchero” realizada con la técnica de acrílico sobre tela, siendo sus medidas 130 cm x 90 cm. Se sabe acerca del ímpetu de Jhon por capturar y representar las imágenes comunes que él ha venido construyendo desde sus propios procesos cotidianos, de interactuar con las personas de su comunidad. Tanto qué en su obra se hace evidente los oficios que realizan sus vecinos. Una clase marginada. Una exposición estética de los espacios reales lleno de olvido por parte de las autoridades y población de la urbe céntrica de la ciudad de Iquitos. Prejuicios que se presentan hacia los pobres de la zona baja de Belén. Para ello, el artista recorre calles inundadas por la creciente estacionaria, develando la belleza colorida de los paisajes, amaneceres y atardeceres; y como un balazo, la grisura de la desigualdad social. En el caso del “Chauchero” es el color madera del peso y la responsabilidad familiar y

 

[1]   Román Gubern, en su libro Patología de la imagen, establece dos ámbitos de uso de la imagen:

Uso público: Es el uso que se hace de la imagen a través de los medios de comunicación, las instituciones, etc.

Uso privado: Es el uso que se hace de la imagen dentro del ámbito individual o familiar.

Imagen - Wikipedia, la enciclopedia libre

social. Asimismo, reivindica los valores presentes en los oficios de mujeres y hombres trabajadores. En la cuarta entrega de Sentidos, el artista autodidacta Kasy Espontáneo Pop, nos trajo la obra “Acéntricos” de técnica mixta en acrílico sobre lienzo. Siendo sus dimensiones 30 cm x 25 cm. En esta pintura, el artista nos expone su alteridad, acerca de ese “otro” que no pertenece al centro urbano, sino a las periferias, a la ruralidad; y en ese grupo de extramuros está la gran anaconda, también mamíferos como los delfines rosas, el otorongo, hombres y mujeres indígenas que comparten la naturaleza del bosque y los ríos. Kasy nos acribilla con una explosión de colores y fuerzas, acercándonos a la experimentación de deformidades y nos invita a encontrar las imágenes ocultas en trazos y líneas de colores vivos. Es un trabajo reflexivo para repensar sobre los otros y el lugar que ocupamos como individuos en el mundo real. En la quinta edición, se tuvo la colaboración del artista autodidacta, Miguel Saavedra Arévalo de la ciudad de Iquitos. Él nos cedió el uso de su obra “Glorieta”, realizada con la técnica de carboncillo sobre cansón. Dimensiones 65 cm x 60 cm. “Glorieta” es uno de los trabajos de una serie de dibujos en donde el artista utiliza el lápiz (carboncillo). Dibuja edificios, lugares y espacios comunes de la ciudad de Iquitos, pero esos dibujos están cargados de un peso histórico y es de importancia para la memoria de las poblaciones de la Amazonía, ya que esos vestigios son reales y son el resultado de un auge económico gracias al boom del caucho. En esos tiempos Inglaterra era una usina industrial en torno a los automóviles. Y era el jebe, el material más requerido para producir ruedas de caucho. Esto trajo inversión extranjera y nuevas infraestructuras que originaron la esclavitud y muerte de millares de indígenas a inicios del siglo XX. Vestigios que al día de hoy han sido descuidadas y abandonados por las autoridades y la ciudadanía en general, teniendo a la memoria ocupada solo en el presente, sin haber procesado los rezagos del pasado. En esta sexta edición, tenemos el honor de contar con la obra del artista plástico Gino Ceccarelli Bardales, oriundo de Iquitos, con un amplio recorrido nacional y periplo internacional exhibiendo su trabajo en galerías prestigiosas. Gino explora mitos y leyendas que provienen de la cosmogonía amazónica. Su “narrativa” plástica se realimenta de relatos populares, cuyo resultado cohesiona simetrías lumínicas, gradaciones, empurrados e irreverencias alegóricas de cara a las instituciones oficiales como la iglesia católica, sin perder la elegancia. En esta edición nos expone “La huida de Belén”, cuyo hechizo es la técnica de tinta sobre cartulina. Sus medidas: 2.15 m x 1.65 m. Y “El Chamán”, de técnica mixta sobre cartulina. Dimensiones: 70 cm x 50 cm.

A manera de conclusión de este editorial quiero invitar a la reflexión a los lectores a cerca de la labor del trabajador de las artes. Coincido con José Carlos Mariátegui cuando habla de los artistas que se ven oprimidos en el sistema capitalista. También puedo ver a esos artistas que sacrifican su tiempo en la elaboración de su genio, y es su espíritu creador que se refleja en su obra final. Sin embargo, siguen siendo abusados y no tomados en cuenta, porque la sensibilidad y el ocio creador no es apreciado por todas las personas y tiene un costo, tiempo, energía y vida. En cambio, el sacrificio que tiene que hacer ese artista, va contra su propia naturaleza, ya que la estructura social le empuja a las necesidades y dependencias económicas como a todas las personas. Pero son los artistas también importantes para la transformación de la realidad. Son ellos capaces de imaginar un nuevo porvenir y hacedores de formas tan bellas y atroces a procesos del devenir humano. Les invito a continuar reflexionando en los discursos de las imágenes y los símbolos de la sociedad, y no olvidemos que a pesar de lo apolítico que exprese la obra de un artista, seguirá siendo una herramienta de uso ideológico para alguna clase que quiera reproducir su estatus de poder, recreando incluso falsas conciencias. Es así la manera, a como el sistema prolonga su vigencia. Es quizá necesario que también los artistas pensemos sobre nuestro rol social y los juegos del poder en el plano estructural y sistémico.

 

Bibliografía: