Gabriela A. Castillo León

"Julio 14 P9 120"

No soy la única,
somos todos quienes habremos pasado por ese camino tan difícil.
O, como decías, mamita: “El duelo, cuando no se tiene a quien velar,

es una herida abierta que nunca cierra”.
Vulnerables a temperaturas tan efervescentes.
Sin querer morir en la selva pero con ganas de haberlo descubierto

llevamos nudos de hamacas, tapers y cuerpos
sin reclamar de esta tierra que recibió sus pasos por solo querer buscar.

Ahora estamos, una al lado del otro, sentados ante el Nanay
que nos abre paso a lo que será la entrada a la capital.
Como es el caso de los demás migrantes, es lo que pasa en la selva,
esa selva que traga a la gente cuando pones pie en la trocha.