Allister Nelson

"He Kindly Stopped for Me"

Sanctuary of autumn, a cairn of stones.

Death is not proud, Death goes as a beggar
dirty for alms outside the county parish, you pass

by the sorrel-haired youth, and his laconic eye

bespeaks a hunger, a timeless cave of wonders.

Death is not mighty, Death is a humble widower
who sits weeping by a lighthouse window, polishing brass

for the seagulls, ash more bread than fireplace, eating
the leftover cheese that has hardened and become dogfood.

Death is not loud, Death speaks only the tongue of toads.
He is a toad, he crouches in the small places, soaking up rain.

Rough skin poison, brown and dun and wood, wet and wanting.

Give him some weeds, he is happy, give him a kingdom, he cries.

Death my comfort, Death my confidant, Death my escort.
We ramble over the mountains, making strange bedfellows
at inn beyond the wood beyond the worlds, in Siduri's bar
below the serpent's tree, where once Gilgamesh wept over Enkidu.

Here, down in the deathly lands, even Death is not welcome,
and so this gypsy road we travel, Death my husband, Death solace

of hot cocoa in a bay window as you read the novel of his heart.

Death stopped for me kindly, and after a long gold life, I was happy

to oblige.

Allister Nelson (traducción por Kriztián Valente)

"Amablemente se detuvo por mi"

Santuario de otoño, un montículo de piedras.

La muerte no es orgullosa, ella vagabundea como indigente,
sucia por las limosnas, afuera de la parroquia del pueblito, pero tú pasas

cerca al joven de cabello alazán; y con su lacónico ojo
anuncia un hambre, en una cueva eterna de maravillas.

La muerte no es poderosa, ella es una humilde viuda
que se sienta a llorar por la ventana de la farola; lustrando los metales

para las gaviotas, ceniza más pan que la chimenea, comiendo
el sobrante queso que se ha endurecido, y que ahora es comida de perros.

La muerte no es bulliciosa, ella solamente habla en la lengua de los sapos.

Ella es un sapo, se encoje en lugares pequeños, y absorbe la lluvia.
Tiene piel áspera y venenosa, marrón, parda y madera; mojada y querida. Entrégale algo de hierbas, será feliz, entrégale un reino, llorará.

La muerte es mi placebo, ella es mi confidente, mi escolta.
Divagamos por las montañas, haciendo extraños compañeros de cama
en la posada del bosque, más allá de los mundos, en el bar de Siduri

debajo del árbol de serpiente, donde una vez Gilgamesh lloró sobre Enkidu.

Aquí, abajo en las tierras de la muerte, ella no es bienvenida;
es así en este camino gitano en el que viajamos, ella es mi esposa, consuelo mortal de chocolate caliente en una ventana de la bahía, mientras lees la novela de su corazón.

La muerte me detuvo amablemente, después de una larga vida dorada, fui feliz para complacerla.