Roger Samuel Rodríguez García 

"Cuando el petróleo se vuelve sangriento" 

 

En la Amazonía, específicamente en Loreto se perforó con éxito el primer pozo petrolero en la zona Corrientes X–1, ubicado a orillas del río Corrientes, afluente del río Tigre en la actual zona de Trompeteros, el 16 de noviembre de 1971.

Este acontecimiento generó una gran algarabía y expectativa en todo el Perú. Loreto fue promovido a una especie de “paraíso petrolero”.

Pero, con el paso del tiempo los beneficios del petróleo no se veían en la magnitud como se pensaba. Es por ello que el Frente de Defensa del Pueblo de Loreto exigió al gobierno militar de entonces el pago justo del Canon Petrolero: el 10% Ad Valorem para evitar que pasara lo mismo con el caucho. En palabras de Antonio D´onadío: “Sin embargo, por falta de previsión, el caucho no contribuyó a la creación de una infraestructura para el desarrollo de la región” (por el hecho de no haberse creado en ese entonces una especie de “canon cauchero”).

El 3 de noviembre de 1976, el Gobierno Militar de la Fuerza Armada dispone la creación del canon petrolero por el Decreto Legislativo 21678. Sin embargo, fue recién en 1978 por presión del Frente de Defensa del Pueblo de Loreto que el gobierno da luz verde con la entrega del canon.

Según el texto Perfiles Históricos de la Amazonía Peruana: “A partir de 1979 Loreto contó con este recurso financiero. Sin embargo, el beneficio pronto comenzó a reducirse porque la producción petrolera en selva decayó a lo largo de la década del 80… De este modo el canon se fue convirtiendo en un fantasma, ya que no fue comprendido en su verdadera dimensión de restitución de un recurso como base para el desarrollo, sino como un privilegio, y terminó reemplazando al gasto del erario nacional”.

El escritor Roger Rumrrill decía en 1975: “Pasada la primera impresión, apagados los fuegos de la alegría, una ola de pesimismo y duda inunda a mucha gente. Sucederá lo que pasó con el caucho. Unos pocos se enriquecerán y la selva quedará abandonada como siempre, era el comentario más generalizado. Visité Iquitos, Yurimaguas, Trompeteros. El boom petrolero, al descuidar la agricultura, ha desabastecido alimentariamente a Loreto y ha aumentado el costo de vida de Iquitos. El costo de la vida es tan alto como en ninguna otra ciudad del Perú. Y peligrosa la tasa de crecimiento de la prostitución, el alcoholismo y otros problemas de índole social”.

Mi padre me dijo en cierta ocasión que después de terminar el colegio, en ese entonces en Iquitos, solo había dos lugares en donde se podía tener un trabajo estable y con un buen sueldo: en un banco o en una empresa petrolera. Era el año 1974.

Si realmente se hubiera querido aprovechar el boom del petróleo de una manera sostenida y sin trastornar el medio ambiente, usando una política ecológica y de respeto a las comunidades que viven del bosque, lo normal hubiera sido exigir un porcentaje más alto del canon. El 10 de febrero de 1989, los congresistas de entonces Orison Pardo y Luis Ibaceta presentaron un proyecto de ley, exigiendo el 40% como canon petrolero para Loreto y Ucayali. Desde mi humilde opinión se debió haber exigido un 50% del canon, por la única razón de que si Loreto es el lugar en donde se extrae el petróleo, es lógico que esta región goce de un mayor beneficio.

Se ha pronosticado que hasta mediados del siglo veintiuno, los hidrocarburos en el planeta Tierra habrán desaparecido, esto nos debe ayudar a poner nuestra mirada en tecnologías limpias. Como, por ejemplo, la energía solar.

Hace bastante tiempo, en el Perú se ha estado debatiendo un asunto bastante peculiar en torno a los hidrocarburos. Me refiero al tema del Lote 192, cuyo interés ha concitado mucha expectativa en ciertos sectores de la población, principalmente en la de Loreto, ya que podríamos decir que este fenómeno es como una especie de “lámpara maravillosa” que serviría de herramienta para el desarrollo de Loreto, según algunas personas que han opinado al respecto.

Volviendo al asunto del Lote 192, el Congreso de la República dio el visto bueno (sin tomar en cuenta las observaciones del Ejecutivo) para que Petro-Perú (empresa estatal) sea quien explote el yacimiento petrolero en el Lote 192 para evitar que una transnacional se haga cargo al respecto. Solo el tiempo dirá si la decisión que se tomó respecto al Lote 192 fue la correcta o no.

Se ha manifestado que en el Poder Ejecutivo se ha tenido una especie de pensamiento antiamazónico, ya que se adoptaban decisiones sin tomar en cuenta las necesidades de los pueblos originarios de la Amazonía, y que por esa razón la región amazónica, en especial Loreto, ha estado siempre postergada con respecto a otras regiones del Perú.

Esto radica en que el gobierno central nunca ha podido comprender a la Amazonía en el buen sentido de la palabra, aunque la pregunta que habría de hacerse es la siguiente: ¿Realmente el Ejecutivo no ha entendido a la Amazonía por una especie de “miopía política” o por una especie “de falta de interés”? La respuesta sería bastante compleja porque habría que entender, si los representantes que tuvo Loreto en el Parlamento Nacional a lo largo de las décadas, hacían sentir su iniciativa y su presencia en las decisiones o por el contrario solo aprovechaban sus cargos de parlamentarios para hacer “lobby”.

Siempre se ha dicho que el “centralismo limeño” le ha dado la espalda a Loreto en toda su historia. Sin embargo, en Loreto también hay una especie de “centralismo iquiteño”, para muestra un ejemplo: Nauta como ciudad es más antigua que Iquitos, pero Iquitos se ha desarrollado más que Nauta. La pregunta es ¿por qué? La respuesta es simple, por el bendito centralismo existente en Loreto, si realmente queremos negociar con todas las de la ley con el gobierno nacional, entonces también debemos aprender a negociar con todas las de la ley con el gobierno regional.

Según un artículo titulado HISTORIA DE LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO EN EL PERÚ DESDE SUS COMIENZOS HASTA LA FECHA, cuya autoría es del Ing. Fernando Noriega Calmet, desde tiempo inmemorial se extrajo brea en diversos lugares del Perú; la Breita y la Brea en el Departamento de Piura, Lobos de Tierra (Departamento de Lambayeque), la Brea de Chumpi y otros en los Departamentos de Junín y Puno. El más importante de todos estos depósitos es el de La Brea, situado a 18 kilómetros al Este de Negritos y al pie de los cerros de los Amotapes en el que se acumularon grandes cantidades del producto, consecuencia de la evaporación natural del petróleo que aflora en dicho lugar a través de fracturas en los estratos. Los indígenas explotaron en vasta escala el copé como, ellos llamaban a la brea, y como ésta se presentaba en estado líquido, terminaban la evaporación en ollas de barro de las que quedaban como testigos, innumerables restos que formaron montículos importantes, y que dan la medida de la intensidad de la antigua explotación. El copé era utilizado principalmente en la impermeabilización de los receptáculos de barro, en el embalsamamiento de las momias, y en otros usos. La brea explotada en dicho lugar se iba renovando a medida que se explotaba, por lo que no es posible hacerse una idea exacta de la cantidad que ha podido extraerse. Pero los restos mencionados y teniendo en cuenta la capacidad de cada receptáculo tanto en contenido como en producción de aceite evaporado, es posible que en La Brea se hayan tratado algunos cientos de miles de toneladas de petróleo espeso en el curso de muchos siglos.

Durante el coloniaje la explotación fue aún más activa, pues el calafateo de las   embarcaciones consumía una buena cantidad de brea, y tanto se sacó, que al fin se ha agotado el depósito, pues ya el petróleo espeso no forma los grandes lagos que se vieron antes hasta el nivel de la superficie. La existencia de aceite mineral en el norte del Perú se reveló en todo tiempo, ya por las emanaciones que hemos citado en La Brea y La Breita, sino también en otras en las que aparecía un petróleo más ligero como las de quebrada de Copé, afluente de la de Tusillal en la región de Zorritos, y que debe su nombre al significado de esa sustancia en quechua. Todo esto nos da una idea de cómo se ha dado la explotación petrolera en el Perú.

Para finalizar, quiero decir lo siguiente: han pasado casi cincuenta años de lo ocurrido en el río Corrientes y solo puedo afirmar que debemos olvidarnos del petróleo y buscar otras actividades económicas que nos den mayores satisfacciones. Como, por ejemplo: el turismo ecológico, el turismo sostenido, el turismo vivencial, la política cultural, la industria cultural y la política ciudadana. Solamente comprendiendo en que somos buenos, evitaremos que entre loretanos nos desangremos por caprichos personales.